Música

notaa.pngLa química moderna ha sido fundamental en el desarrollo y evolución de los instrumentos musicales que hoy conocemos. Desde la protección de la madera de los instrumentos hasta las lacas resistentes al agua, las pinturas y los barnices de los maletines donde se guardan y transportan (hechos de polímeros como el nylon y forrados con espuma de poliuretano), la química está permanentemente ligada a la música y todo lo que rodea a esta maravillosa expresión artística. La aportación de la química a la música se remonta a los tiempos más primitivos del hombre puesto que ha tenido siempre un protagonismo primordial en la preparación y adaptación de los instrumentos musicales.
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Los cuatro elementos químicos que aparecen citados con mayor frecuencia en las canciones y en las composiciones musicales son, por este orden, la plata, el oro, el estaño y el oxígeno, seguidos del cobre y el hierro, según un estudio realizado por Santiago Álvarez, profesor de la Facultad de Química de la Universidad de Barcelona, y recientemente publicado en la revista New Journal of Chemistry.




El año: 1942, en plena Segunda Guerra Mundial. En los laboratorios de la empresa Kodak, Harry Coover se encontraba experimentando con diversas resinas acrílicas para tratar de obtener un plástico transparente que pudiera emplearse en las miras telescópicas de los rifles. Como sucede en estos casos, hubo muchos ensayos, mucha prueba y error: algunos materiales no eran suficientemente transparentes, otros no tenían la suficiente consistencia… y uno de ellos era insufrible, endiabladamente pegajoso. Se trataba del metil 2-(C5H5NO2), y Coover, evidentemente, lo descartó.


cianoacrilato.jpgEstructura del metil 2-cianoacrilato (Dominio público).

Este pegamento junto con el poliéster actualmente son utilizados también para barnizar todo tipo dederivados-3-ciano-quinolina-actividad-antiproliferativa_4.png instrumento de madera generalmente, en unos principios lo que utilizaban para darle más calidad de resonancia a un instrumento elaborado de un hueso de un animal o de un mismo humano era un tipo pegamento que se obtenía al cocinar su alimento y después de bastante tiempo de estar al fuego los huesos y residuos de carne producían una pequeña película monomolecular como de pegamento dándole el uso de lo que hoy sería un barniz para instrumentos músicales. (La siguiente formula representa lo obtenido después de cocer la carne.)


El Gran Mito De Violin Stradivarius


Los violines Stradivarius son los más preciados instrumentos musicales del mundo. Entre los cerca de 600 ejemplares que aun se conservan hay algunos valorados en más de un millón y medio de euros, es decir, más de cien veces de lo que costaría el más perfecto ejemplar artesano moderno y más de diez mil veces que los procedentes de fabricaciones industrializadas.
Antonio Stradivarius confeccionó unos 1200 violines durante toda su vida y guardaba muchos de ellos. Sólo vendía uno cuando estaba seguro de desprenderse de él. Hay unos 600 violines de este tipo en el mundo, y su cotización está en torno a los varios millones de euros. Menos conocido es Guarneri del Gesu, contemporáneo de Stradivarius, sus instrumentos son considerados como de igual calidad por los expertos, cotizándose en la misma medida.MUSICA_large.jpg
Durante cientos de años se ha intentado duplicar el tono y cualidades sonoras de los violines construidos por estos luthiers italianos sin demasiado éxito. Quizás a partir de este momento sea posible gracias al estudio realizado por unos científicos liderados por Joseph Nagyvary de Texas A&M University.
En este estudio han tomado medidas por resonancia magnética nuclear y por espectrometría infrarroja para analizar químicamente la madera de la que están construidos varios de estos instrumentos de 1700 y otros modernos. En concreto se analizaron un violín y un chelo de Stradivarius un violín de Guarneri, un violín de Gand & Bernardel de París y una viola de Henry Jay de Londres.
FACTORES. Un problema inicial es que, todavía, el mejor instrumento científico de detección de un sonido es el oído, y que el cerebro sigue siendo también un analizador más sofisticado de los sonidos complejos que cualquier instrumento científico. Esta situación necesariamente introduce unos claros problemas de objetividad y cuantificación.Una de las 1290530277_39060492_1-Fotos-de--Violin-Stradivarius-excelente-copia-1290530277.jpgpersonas que mejor ha resumido los aspectos científicos relacionados con la calidad de los violines es Colin Gough, investigador de la School of Physics and Astronomy de la Universidad de Birmingham, en Gran Bretaña. En abril del año 2000 escribió al respecto un artículo muy documentado titulado "Science and Stradivarius", que fue merecedor de recibir el Premio anual de artículos científicos del año 2000, para profesionales en acústica, instituido por la Acoustic Society of America.
Partiendo de las particularidades de la Física de la excitación de la cuerda de un violín, extensivamente estudiadas por Michael McIntyre y Jim Woodhouse de la Universidad de Cambridge, en el artículo mencionado, el Dr. Gough analiza la forma en que un violín funciona, las características físicas de los sonidos, sus frecuencias, las resonancias o armónicos, la relación con los más mínimos detalles de los variados componentes de la geometría del instrumento, la tensión de las cuerdas, la producción de las así llamadas ondas de Helmholtz, como se extiende el sonido, etcétera.
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Otra parte del artículo se dedica a las características de los materiales utilizados, especialmente la madera, su tratamiento en remojo, su envejecimiento, su humedecimiento interno, el ajuste de cada componente y, la discusión sobre el papel que juega el barniz sobre la calidad del instrumento.Para el Dr. Gough las investigaciones realizadas por microscopía electrónica y fotografía ultravioleta descartan la existencia de un secreto en la composición del barniz, por lo que opina que la Ciencia no ha encontrado todavía una propiedad medible que sirva para diferenciar los violines de Cremona de los hechos por expertos artesanos actuales.05102107.jpg
EL BARNIZ. No opina así el Dr. Joseph Nagyvary, un químico húngaro, que se formó con los Premios Nobel Paul Karrer (Suiza) y Alexander Todd (Gran Bretaña) antes de su traslado a Estados Unidos, donde, desde 1968 es catedrático de Bioquímica y Biofísica en la Universidad de Texas. Su interés por los violines comenzó en su juventud, en Zurich, cuando sus primeras prácticas las realizó en un violín que había pertenecido a Albert Einstein.
Sus ideas las ha expuesto, desde los 60, en diversas publicaciones y en 120 conferencias auspiciadas por la American Chemical Society. La observación inicial fue la de los terribles efectos de las termitas sobre muebles e instrumentos musicales en el Norte de Italia mientras que los Stradivarius no solían sufrir estos daños. Ello le llevó a la búsqueda de las posibles sustancias insecticidas usadas en el pasado con efectos acústicos, lo que le condujo a: 1) el bórax, insecticida, polimerizante y endurecedor de la madera lo que produce que el sonido sea más brillante; 2) fungicidas como la resina gomosa de los árboles frutales; 3) polvo de vidrio triturado, usado como antitermita.
El "secreto", para Nagyvary, radica en unos violines perfectamente construidos, usando maderas con un tratamiento previo prolongado remojante que facilita la apertura de sus poros y, de forma fundamental, en el tratamiento final de la madera con una mezcla equilibrada y adecuada de las tres sustancias anteriormente citadas.



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